Chico García, el malagueño juglar de los escenarios

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“Pocos ven lo que somos. Pero todos ven lo que aparentamos”, Nicolás Maquiavelo. A lo largo de mi carrera  profesional, enfrentarme a cada una de las entrevistas supone un reto. Y ésta en concreto, fue un poco más. Buscar información del actor malagueño, Chico García, conocido por su papel en la famosa serie de Antena 3, El Secreto de Puente Viejo es una ardua tarea porque, como león agazapado entre la maleza de la sabana, observa sin ser visto y guarda celosamente su intimidad. Así que imaginaos, la Odisea que supone investigarle para organizar preguntas y conocer más a este artista malagueño, que no sólo en España está triunfando, sino también en Italia donde Severo Santacruz mueve masas.  Y algo hemos podido conocer. Porque a veces, baja la guardia y abre, hasta donde él quiere, las puertas de su alma y nos acerca un poco su historia personal.  ¿Preparados? Ahí va la entrevista para Love Málaga:

Love Málaga: Primero, ¿cómo te llamo Antonio o Chico?

Chico García: Chico.

LM: ¿Por qué lo de Chico?

CG: “Porque soy el más pequeño de mi casa. Todo el mundo me llama Chico. Nadie me ha llamado Antonio. Jamás. De hecho, me acuerdo una vez que me llamaron desde la Facultad cuando estudiaba Magisterio Musical y preguntaron por Antonio. Y mi madre dijo que se había equivocado. Así que hasta ese punto llega el nombre de Chico en mi familia. Antonio era por mi abuelo y nadie me ha llamado así. Y no me reconozco por otro nombre. Y García, no es mi apellido paterno, es el materno. Porque cansado de que la mujer siempre esté en un segundo lugar por tradición o herencia social, me dije si yo puedo alterarlo en mi nombre artístico donde sólo mando yo, pues lo hago. A mi padre no le sentó muy bien”. (ríe)

LM: ¿Por qué un futuro profesor de música cambia sus estudios de magisterio por Arte Dramático?

CG: “El porqué real fue una noche en la biblioteca de la Facultad de Magisterio donde estaba estudiando un examen con un compañero y saludó a una amiga. Ella también estudiaba para otro examen de Literatura Dramática de Arte Dramático. Entre descanso y descanso, hablaba con ella y me contaba lo que estudiaba. Y ahí surgió todo. Poco a poco, me acerqué al mundo del teatro. Un día fui a ver uno de sus ensayos. Otro día, a ver una obra de teatro. En mi vida, nunca supuso absolutamente nada hasta ese encuentro. Pero antes de terminar Magisterio, decidí estudiar Arte Dramático. Me atraía todo ese mundo. Es cierto que de pequeño era un niño que me gustaba leer, pintar… me metía en mi habitación para dibujar y escribir. Y sigo escribiendo. Y como dice una amiga “el teatro al final te busca a ti”. Así que después de todo aquello, hice las pruebas, aprobé y aquí estoy hasta donde quiera la vida”.

LM: Es decir, fue por una mujer. Te gustó una mujer, te interesaste por ella y eso te llevó al Teatro.

CG: Sí, puede ser. Pero lo cierto es que me enamoró más el teatro. De hecho, no estoy con esa chica y sí volcado en el teatro. Antes no tuve ninguna inclinación. Hice alguna obra de teatro en el colegio… poco más. Aunque algunos compañeros de clase de Facultad me dijeron que, sabían que yo valía tras verme en una clase de Lengua recitando un poema de José de Espronceda donde hice una escenificación y  a la gente le gustó mucho. Mis amigos me dijeron que ese día lo vieron claro”.

LM: Y comienza toda tu andadura.

CG: “Sí. Termino Arte Dramático. Finalizo la carrera de Magisterio. Hago un curso con José Carlos Plaza. Y en diciembre de ese año, me llama Pentación para incorporarme a una sustitución en el montaje de Fedra con Ana Belén y Fran Perea. Y estuve tres meses de gira con ellos. A partir de ese momento, monté la compañía Induoteatro. Ha sido seguir sumando”.

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LM: ¿Qué te dice tu familia cuando decides cambiar por completo tu vida y dar el paso a una nueva profesión?

CG: “Pues… son casi dos meses sin hablar con tu padre. Fue un momento un poco tenso. Mi madre, como buena madre, me apoyó desde un principio. Pero es normal. Como familia normal, tradicional española donde tu hijo de buenas a primeras te dice “quiero estudiar teatro”, pues es un choque. Pero te digo una cosa. A día de hoy, mi padre es el mejor fan que tengo. Y pienso que si yo tuviera un hijo, lo único que pediría es que hiciera lo que hiciera, que se dedicara en cuerpo y alma. Mis padres lo han visto conmigo. Con coherencia, profesionalidad y respeto. Poco tienen que decirme. ¡Que tenga suerte! Y ellos están contentos. Siempre y cuando me vean feliz a mí también. Y confían en mí. En la familia se lleva bien. Además se ha producido un hecho muy bonito porque a raíz de mi vinculación con el teatro, mis padres leen obras, a los clásicos, para informarse sobre lo que estoy trabajando. Es decir, hay un crecimiento. No sé, pienso que poco a poco, se está formando una familia de artistas. Mi sobrina me dice ahora que quiere ser bailarina. Lo mismo comienza la saga así. Es una etapa muy bonita en mi familia”.

LM: ¿Cómo decides embarcarte en un proyecto arriesgado montando tu propia compañía?

CG: “En 2009 decido montar Induoteatro después de que me engañen. Me dicen que me van a pagar tal cantidad y al final, es mentira. Estrené el espectáculo. No me pagaron nada. Me enfado. Y en una charla con José Manuel Sánchez “Andreu” y Pilar Jiménez, profesores de la Escuela de Arte Dramático de Málaga y mis socios, surge la idea de montar una compañía mientras aparecen nuevos proyectos. Y fíjate, ahí está Induoteatro que cada día suma más funciones, contrata más gente, el crecimiento empresarial es más importante, somos sociedad limitada… Y lo que empezó un domingo en una casa por malestar de que no me habían pagado, hoy se ha convertido en una empresa que sigue. Fue en 2012 cuando se relanza y a partir de ahí ya coge forma oficial”.

LM: En un momento de crisis, surge una oportunidad.

CG: “Creo que las crisis son el caldo de cultivo perfecto para salir de tu zona de confort. Irte a la jungla e intentar sembrar algo que en un futuro te puede dar un fruto bonito si se cuida. De esta manera, Induoteatro se ha consolidado. La gente sabe que trabajamos los Clásicos. Con un estilo. Nos llegaron a llamar del Instituto Internacional para ir a Chipre con un espectáculo. Nos llamaron del Festival de Mérida…”.

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LM: Especializado en Greco-Latino y Clásico ¿no?

CG: “Sí. Pensamos que en lo Clásico todavía hay muchas vueltas que dar. Y que ahí se encierran las grandes verdades del ser humano. Cuando ahora la sociedad se gasta mucho dinero en comprar libros de tus zonas erróneas, pienso que leyendo a Eurípides o Sófocles o a Lope de Vega te pueden llevar a solucionar el problema que te llevó a comprar el libro de tus zonas erróneas”.

LM: Desde los inicios, te centras en el teatro.

CG: “Es lo que más me satisface. Hago muchos cortos en mi época de estudiante. Luego hice papeles pequeños en series. Pero lo que más me llena es el teatro. Además donde controlo todo el proceso desde producción, dirección, adaptación, interpretación…”

LM: Pero haces la película 321 en Míchigan de Enrique García y su corto Tres razones, papel pequeño en El Niño, en El tiempo entre costuras

CG: “Sí, fue un corto muy bonito que se grabó en la cárcel de Alhaurín de la Torre. Compartimos dos fines de semana con internos allí. Particularmente, descubrí un mundo fascinante y muy cruel. Conocí internos. Me contaron sus experiencias. Es muy duro. Y me quedé impactado, la verdad. Después se hizo la película con muy poco presupuesto. Fue un rodaje muy intenso. En un mes y pico estaba todo grabado. Cosechó muchas alegrías en el Festival de Málaga. Salva Reina y Héctor Márquez hicieron unos papeles brillantísimos bajo mi punto de vista. Para mí Salva es uno de los actores malagueños con más carisma y chispa innata. Y Héctor es una persona muy entregada y responsable”.

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LM: ¿Cómo llegas a El Secreto de Puente Viejo?

CG: “Fue tras El tiempo entre costuras. Surge la oportunidad de un casting. Después de un verano agotador de festivales, funciones… estaba el único día que descansaba, en la playa, en agosto. Y me llaman. Era Eva y Yolanda Serrano para el casting, me cogieron y empecé en septiembre El Secreto con Severo Santacruz, un personaje que tantísimas alegrías me ha dado. Hice el casting con Raúl Peña, un actor muy profesional, generoso, que trabaja para ti, para el compañero. Es un lujazo. Y hubo feeling desde el primer día. Recuerdo que al acabar el casting, le dije “tú y yo nos veremos”. Y fíjate, Severo Santacruz y Carmelo Leal se han convertido, yo creo, en una de las parejas más entrañables de las series españolas”.

LM: ¿Veías la serie antes de comenzar tu paso por ella?

CG: “Te voy a decir la verdad. Yo veía Bandolera que me enganchó un verano. Y cuando cambió el horario vi los primeros capítulos de El Secreto. Para mí es un orgullo participar en este proyecto con tantos seguidores fieles que la han convertido en una de las series más importantes de la televisión española. Y en Italia está siendo un éxito abrumador. La ven cerca de 4 millones de espectadores. Te llena de orgullo”.

LM: Por tanto centrado ahora en El Secreto.

CG: “Sí. ¡Dime qué tiempo tengo! Grabo de lunes a viernes de 7 de la mañana a 7 de la tarde y los fines de semana tengo bolos con mi compañía. Es muy complicado. Pero estoy feliz, trabajando en lo que quiero. Disfrutando todo poco a poco”.

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LM: ¿Qué te aporta trabajar en El Secreto de Puente Viejo?

CG: “Conocer un medio que no conocía, es un máster de interpretación. Es un ejercicio de inmediatez. Me ha aportado resolución… cierto es que, gracias a mi bagaje en las tablas del teatro me ha facilitado trabajar este estilo. Y a nivel personal, he conocido a un equipo de 170 personas que llevan desde hace 6 años trabajando muy duro. También me ha ayudado a valorar la vida aquí en Málaga. En Madrid, todo es muy diferente. Vivir en Madrid es vivir en el centro neurálgico de la cultura. Vivir en Málaga es vivir en la mejor ciudad para vivir y para morir. Por ejemplo, siempre lo digo, criar un hijo en Málaga, no es lo mismo que en Madrid. Yo vivo a caballo entre las ciudades. Me siento un privilegiado por estar en ellas. Son dos joyas”.

LM: Y ¿qué me dices de Italia?

CG: “Italia es un país maravilloso. Muy pasional. Si en España te demuestran el cariño, en Italia te lo demuestran por mil. He ido en varias ocasiones y me ha dado mucho cariño en un año. Por redes sociales me hablan mucho. El fenómeno fan es enorme”.

LM: ¿Qué me dices de Málaga?

CG: “¡Qué te voy a decir! Málaga es una ciudad de rincones. Con una luz especial que no tienen otras provincias. La Semana Santa de Málaga, la mejor manera de verla es en esas callejuelas. La calle Larios, plaza de la Constitución. Alcazaba, la Catedral, Gibralfaro… Y tenemos una cosa. Lo cosmopolita que es el malagueño. Al tener puerto somos una ciudad muy hospitalaria. Está en el ADN del malagueño, ese gen acogedor con el que llega. Soy un defensor acérrimo de Málaga. El Muelle uno ha sido un acierto. La remodelación del centro, calle Granada. He viajado bastante y considero que para vivir Málaga es la ciudad perfecta”.

LM: ¿La echas de menos desde Madrid?

CG: “Claro que la echo de menos. Madrid me encanta. Pero yo la echo de menos todos los días. Desayunar en la plaza de la Merced, tomar una caña en Teatinos. Pero estoy instalado en Madrid. Es un lugar bonito para crear. Evidentemente, donde quiero morir es en Málaga y en un escenario. Pero quiero que la vida me lleve de una obra a otra. Me gusta esa vida. Me gusta la vida en el escenario. El teatro si tú te entregas a él,  te lo devuelve. La soledad del escenario a veces es el mejor lugar donde puedes estar. Nadie puede entrar ni salir de allí. Eres el rey y el esclavo. Realmente eres un esclavo. Estás tú con la obra y el público. Es una adicción y te aporta felicidad. Estás a gusto, como cuando te cobija tu madre de pequeño. Por eso, es la fidelidad que genera, es adictiva. No hay nada como subir al escenario y sentirte bien. Es un amor tan grande que puedes llegar a anteponerlo a relaciones amorosas”.

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LM: Chico, sorprende mucho que no tengas ninguna información en Internet respecto a tu vida.

CG: “Pienso que esta profesión a veces puede llevar a cierto morbo y el fan busca información. Es algo normal. Pero quizás hay personas que están alrededor y no tienen porque vivir ese estrés. Porque las redes sociales pueden ser muy buenas y también muy estresantes. Hay personas que no quieren ser públicas. Y yo lo respeto mucho. A parte mi vida privada, es mi vida privada, que le interesa a mi gente. Parece ser que soy un tío muy solitario pero no soy así. Hay parcelas que sólo están abiertas para ciertas personas. No por no mostrar es que estoy escondiendo. Es respetar a personas que no quieren ser mostradas. Yo lo vivo muy normal, pero hay personas que se ponen muy nervisosas. Además, te digo, soy una persona muy reservada. Para conocerme, tienes que escarbar. Puedo aparentar ser un tío muy abierto. Pero llegar al fondo, es muy difícil. Son parcelas mías, muy personales. Tengo que tener un nivel de confianza muy grande. ¡Si mi vida es muy aburrida!”.

LM:   ¿Qué hace Chico García en su tiempo libre?

CG: “Chico García lo que hace es leer, escribir, salir con mis amigos. Disfrutar mogollón. Soy de las personas que no tienen fin. Me gusta salir a la calle, observar a la gente cómo actúa, entrar en la vida del ser humano. Por ejemplo, Madrid me permite perderme. Porque soy muy tímido. Ver cine, series, teatro… me gusta conocer gente, experiencias nuevas…”

LM: ¿Te estás convirtiendo en el hombre que siempre has querido ser?

CG: “No. Soy lo que la vida me está convirtiendo. Tengo mucho pronto. Soy muy temperamental, ambicioso, muy pasional. Me involucro mucho. Y eso a veces, te provoca malas pasadas. Pero no me va mal. Mi lema en la vida es no hacerle daño a la gente. Eso para mí es importante. No aprovecharme de ti, para beneficiarme yo. Lo poco o mucho que tengo. Nadie me lo ha regalado. He trabajado mucho. Y me gusta jugar en la vida. Soy muy estratega. Así que soy lo que la vida me deja ser, en cierta manera.”

LM: ¿Qué te hace enfandarte?

CG: “Que te juzguen de manera gratuita. Que te juzguen sin saber que hay en lo más íntimo de tu ser, me repatea. Me parece un acto ruin. La crítica. Nos anticipamos al juicio.”

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LM: ¿Hacia dónde va tu carrera?

CG: “Mi vida está centrada en El Secreto e Induoteatro. Estoy a gusto. Quiero que siga así. Ahora estreno nueva obra  sobre Diógenes. A la vida no le pido nada más. Le pido salud sólo”.

LM: Bueno y que te acompañe tu Carmelo.

CG: “Por supuesto. Siempre he tenido perros pero nunca un Teckel y me he enamorado de él. Le conocen todos los trabajadores del AVE. Son perros muy buenos. Aunque hacen su trabajo en casa.  Muerde un cable, un libro… Duerme conmigo y se queda frito”.

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Y hasta aquí nos dejó leer, Chico García. Un juglar que ama a la palabra y a la interpretación y que esconde su reconocida timidez tras cada personaje.  Y como buen estudioso de Diógenes y de lo cínico, entendiéndose este término, en su concepto original, como sabiduría surgida del rechazo de la vida ordinaria, “callando aprende a oír; oyendo aprende a observar y luego hablando aprende a callar”. Así es, Chico García. Un malagueño por los cuatro costados, muy tenaz, práctico y pasional que se entrega en cuerpo y alma a su vocación: el teatro. Ojalá que siga cosechando muchos éxitos y podamos compartirlo en  Love Málaga. ¡Gracias por tu tiempo!

Love Málaga

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