JOSÉ SACRISTÁN EN LA TÉRMICA

La Térmica y su 5º Aniversario con José Sacristán

El centro de cultura contemporánea de la Diputación de Málaga, La Térmica, cumple este mes de enero 5 años. Con motivo de su aniversario la programación del trimestre abarca más de 100 actividades relacionadas con todo tipo de disciplinas artísticas.

Un cronista del tiempo que le ha tocado vivir. Así se definía José Sacristán nada más comenzar el encuentro, enmarcado dentro de la programación de La Térmica con su recién cumplido lustro de vida. En cuanto supe que el ciclo Palabras Mayores traía a Málaga a este decano de la interpretación, sentía que tenía que ir para aprender.

Y es que os tengo que confesar que, desde hace unos meses, soy consciente de que, lo que más feliz me hace en la vida es “contar historias”. De la manera que sea, en el formato que sea, implicándome más o menos, de una manera periodística o artística. Pero en el fondo busco lo mismo, “contar historias”. Las de otros o las mías propias. Y esa constante es precisamente la que le ha hecho seguir siempre hacia delante a José Sacristán a pesar de las calamidades de la vida  en su larga trayectoria  de más de 60 años como actor.

JOSÉ SACRISTÁN EN LA TÉRMICA

 Junto a Luis Alegre, coordinador del ciclo, dialogaron sobre su infancia, la familia, o sobre la política. “Yo quería ser Tyrone Power; quería ser indio, bombero… quería jugar a ser todos esos personajes”, explica Sacristán, cuando viaja en el tiempo hacia esa niñez en la que despertó su amor por la interpretación. “Este hombre, que está aquí, ha hecho todo lo posible para hacer realidad los sueños de aquel crío. Todos los días tengo presente al niño que fui y le permito jugar”, añade.

Un juego que, según nos relató en La Térmica, tiene una única prioridad: vivir el día a día, proyecto a proyecto y compartirlo con quienes quiere. Y es que a sus 80 años, Sacristán puede hacer un repaso de lo experimentado para enseñarnos que, como decía el tío Tomás “lo primero es antes”. Y ¿qué es lo primero? Una base fundamental de vida sustentada en un acuerdo con uno mismo bajo un código invisible, que no es otra cosa que tenerse respeto a uno mismo y hacia los demás.

JOSÉ SACRISTÁN EN LA TÉRMICA

Un respeto que ha demostrado en la coherencia con la que ha llevado su camino: ha sido un hombre conciliador al que las diferencias políticas o ideológicas nunca han supuesto un obstáculo para su amistad o incluso su trabajo, “el ser humano está por encima de cualquier principio o convención”; un hombre que ha honrado a sus padres y sigue haciéndolo porque los recuerda en cada palabra con una ternura inconmensurable, “el Benancio y la Nati” que fueron testigos de centenares de anécdotas hasta que Sacristán cosechó “los ajos” y consiguió triunfos; un hombre que respetó a ese niño y no le dejó dormir el sueño gris del adulto cuando no tenía para comer y satisfacía el apetito con la comida de atrezzo de las obras de teatro.

JOSÉ SACRISTÁN EN LA TÉRMICA

“Ser humilde es de sentido común. Hay que tener cuidado con la fama porque es un espejismo”. Ese fue uno de los consejos lanzado a la completa sala de La Térmica que escuchaba atentamente sus palabras.

JOSÉ SACRISTÁN EN LA TÉRMICA

Cinéfilo (tiene un cine en casa, colecciona programas de películas y cromos de actores), amante del flamenco (por herencia familiar), trabajador incansable (fue de los primeros vendedores del Círculo de Lectores) y persona transparente (agradeció cada oportunidad recibida en el mundo de la interpretación, recordando el punto de inflexión en su carrera “La pulga en la oreja”). Así se presentó ante la audiencia de La Térmica. Cercano. Humilde. Conciliador. Y servicial con una profesión que ama por encima de todo.

Para quienes vivimos contando historias y amamos la cultura, escuchar narrar a José Sacristán su vida volcada en la interpretación, es toda una lección de cómo sí se puede mantener la ilusión a base de tenacidad, tesón y coraje.

JOSÉ SACRISTÁN EN LA TÉRMICA

Esa ilusión del niño que se veía reflejado en los carteles de Gran Vía y que soñaba con aparecer en uno de ellos. Y vaya si lo consiguió.

Al final en esta ocasión, se intercambiaron los papeles. Nosotros fuimos los testigos. Los asistentes a esta charla de La Térmica, fuimos testigo de cómo el paso del tiempo ha hecho escasos estragos en este octogenario de DNI, pero no de alma.
Atentos a la programación de La Térmica porque siguen con interesantísimas actividades (pincha aquí). Y una alegría, si no pudiste asistir al encuentro te dejo el enlace, que sé que te gustará 😉

Seguimos aprendiendo y jugando como niños en Love Málaga

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